Capítulo 51 REQUERIDA EN EL SALÓN.

La fiebre me había convertido en un charco de sudor sobre el colchón de espuma. Abrí los ojos en la penumbra. El techo de mi pequeño cuarto de servicio daba vueltas a una velocidad mareante. La silla de plástico blanco junto a mi cama estaba vacía. Massimo se había ido, dejando únicamente el paño hú...

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