Capítulo 37 La nota

Nanda se quedó inmóvil un par de segundos con el trozo de papel arrugado entre las manos. La caligrafía era firme, directa, descarada. Sentía las pulsaciones retumbándole en las sienes mientras leía una y otra vez esas pocas palabras: «Yo también lo disfruté, nena».

Un escalofrío extraño le recorri...

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