Capítulo 4 UNA TRAMPA PARA CHICAS ANSIOSAS
Son las 3:00 a. m. y las luces siguen apagadas. El silencio se apoderó de la noche hace un buen rato y ni un solo ruido se escucha, ni siquiera un grillo cantando. La paz se siente suspendida en el ambiente, quieta, casi pesada. Esta tranquilidad debe ser algo natural para muchos, pero no para mí. No he podido cerrar los ojos desde que me acosté en la cama.
Me giro boca arriba, luego de lado, y vuelvo a cambiar de posición sin encontrar descanso. Mis dedos juegan con la sábana arrugada mientras mi mente sigue atrapada en un solo pensamiento.
¿Casamiento?
Todavía me parece irreal. Parpadeo hacia la oscuridad, como si necesitara confirmarlo una vez más. Solo puedo recordar a mi madre saltar de emoción, cubriéndose la boca con ambas manos mientras deja escapar pequeños gritos felices después de decírmelo. Sus ojos brillaban tanto que podían iluminar cualquier habitación sin ayuda. Incluso ahora puedo verla alzando los hombros con esa risa entrecortada que siempre suelta cuando intenta contenerse y falla miserablemente.
A pesar de todo, no pude evitar sonreír al verla así. Mi pecho se había aflojado un segundo, un respiro cálido entre tanta incertidumbre. Pero esa sensación se apagó rápido, porque en ese momento, y ahora, mi mente solo da vueltas alrededor de esta maldita llamada.
Me llevo las manos al rostro, frotándome los ojos cansados.
¿En quiebra…? ¿Cómo siquiera eso pudo haber ocurrido?
El peso de la palabra se hunde en mi estómago como una piedra mientras la habitación sigue en silencio absoluto, como si incluso la noche estuviera esperando mi siguiente pensamiento.
El almuerzo ocurrió tan fugaz que no recuerdo gran parte de él; estaba tan metida en mi propia cabeza que ni siquiera pude interrogar a ese hombre.
Solo recuerdo a mi madre presumiendo un anillo que brillaba demasiado en su dedo que no había notado al llegar. ¿Cómo habrá pagado ese hombre un anillo así? ¿Hace cuánto tiempo se lo habrá dado? Hace días que no veía a mi madre en persona, solo unas llamadas largas por teléfono y mensajes interminables sobre cómo había ido nuestro día, pero no había tenido tiempo de ir a visitarla. También por esa razón no podía perderme ese almuerzo.
Aunque fuera una piedra falsa, habría sido carísimo. Y sí, tiene que ser falso... ¿Quién en su sano juicio gastaría tanto en un anillo? Parece demasiado lujoso, demasiado ostentoso para ser real.
Respiro hondo, luchando por calmar la ansiedad que amenaza con delatarme. Tengo que dejar mis problemas a un lado y mostrar mi mejor sonrisa. No puedo arruinarle su día especial.
Mi madre me miraba con los ojos brillando de emoción, esperando mi respuesta a su invitación para comer tambien al día siguiente con ella y su prometido. Quiere que nos conozcamos mucho mejor antes de la boda, así que presiento que esos almuerzos serán mucho más comunes de ahora en adelante.
Suspiro, seguro mi madre noto lo distraída que estaba. Por desgracia a ella no se le escapa nada, pero no puedo contarle todavía, debo pensar que debo hacer ahora y es demasiado frustrante!
No puedo permitirme ni un solo día sin trabajo. Si no empiezo a buscar un empleo nuevo rápidamente, me resultará imposible conseguir uno después. Las cuentas se acumulan y quiero ayudarla con los preparativos de la boda. Casarse es un lujo, pero un lujo que estoy dispuesta a costear si es por ella.
Ella estaba dispuesta a hacerlo por mí cuando estaba con Spencer “agh, ese imbécil”, aun cuando los ingresos de mi madre son… o eran, mejor dicho, mucho menores que los míos; ella insistía en querer pagarlo todo.
Suspiro resignada. Es mejor que me ponga manos a la obra, porque la ansiedad no me dejará dormir ni un poco, y un trabajo bien pagado no me llegará del cielo.
Está a punto de amanecer, y entre la luz de mi teléfono y el brillo de la laptop, siento que no he parpadeado en demasiado tiempo. Aun así, no encuentro una sola oferta de trabajo que no parezca sospechosa o que no tenga una paga miserable por demasiadas horas de trabajo. Sin embargo, justo cuando estoy a punto de rendirme, aparece una oferta que no solo cumple con todos mis requisitos… ¡sino que también tiene una paga fenomenal!
Pero no puedo evitar preguntarme qué es lo que está mal. Porque claramente algo tiene que estarlo, eso es seguro. Es demasiado bueno para ser real, y aunque intento mantenerme optimista, una parte de mí no deja de pensar que podría haber una trampa oculta.
Duvont Pharmaceutical Research & Development? He oído algunas cosas sobre esa empresa, pero nada que pueda recordar específicamente en este momento, creo recordar el nombre de su CEO, Ax… Axa… no, Axel Duvont? Si, creo que ese es su nombre.
Pero todo es demasiado sospechoso… ¿Y si contactan a chicas desesperadas por empleo solo para secuestrarlas y venderlas?
Puede que sea solo una trampa para chicas ansiosas y desesperadas por ganarse su propio dinero, pero en este precioso momento no estoy pensando con claridad y el sueño me está ganando. Así que mando mi currículum al correo de la empresa y solo me queda esperar que me respondan lo antes posible, luego me encargare de investigar a que se dedican, si es que llego a obtener respuestas de ellos, no debe ser tan difícil.
Me estoy quedando dormida encima de la laptop. Escucho un sonido justo antes de desmayarme del cansancio, pero la pesadez en mis ojos no me permite ver con claridad la pantalla borrosa. Intento enfocarla… inútil. Y al final, simplemente me quedo dormida.
Despierto de golpe con el sonido insistente de mi teléfono en algún lugar a mi izquierda. Extiendo la mano a tientas, palpando la suavidad tibia de las sábanas sin querer abrir los ojos. Apenas logro encontrar el celular y contesto la llamada, llevándome el aparato a la oreja como si pesara una tonelada.
“¿Hola…?” murmuro con la voz ronca, gruesa por el sueño.
“¿Con la señorita Daliah Morris?” pregunta una voz femenina, demasiado despierta para ser de este mundo a estas horas.
“Sí… soy yo. ¿Quién habla?” farfullo, revolviéndome en la cama, acurrucándome de nuevo, peligrosamente cerca de quedarme dormida otra vez con el teléfono en la mano.
“Llamo de Duvont Pharmaceutical Research & Development, señorita Morris,” dice la voz femenina con una dicción tan perfecta que casi me corta el sueño de un tajo, “En vista de que no hemos obtenido respuesta del correo que se le envió, necesitamos confirmar su entrevista programada para hoy a las 8:00 a.m. Requerimos confirmación inmediata de su asistencia y puntualidad.”
Eso me hace abrir los ojos de golpe. El corazón me salta en el pecho.
¿Correo? ¿Entrevista?
