Capítulo 144 La Oscuridad a Puertas Cerradas
Nicolás se quedó sentado en aquella fría habitación, con la voz de Helena resonando en su cabeza. La confirmación de que estaba viva lo había llenado de una mezcla de alivio y rabia contenida. Sin embargo, sabía que cualquier paso en falso significaría no solo perderla a ella sino perderse a sí mismo en un mundo del que ya no podría escapar. Se levantó lentamente, con una calma calculada, y salió hacia el despacho donde los líderes de las sombras se habían reunido.
En cuanto entró, notó cómo las miradas de los presentes se clavaban en él. Unos lo observaban con interés, otros con desconfianza. Pero todos compartían la misma expectativa.
-Bienvenido, Valverde -dijo uno de los hombres, un hombre de mediana edad con el cabello entrecano y un aire de autoridad-. Nos han dicho que finalmente has tomado la decisión de aceptar nuestra oferta.
Nicolás los miró con frialdad, manteniendo su postura rígida.
-Parece que no tenía otra opción, ¿verdad? -respondió en tono desafiante-. Ustedes han hecho todo lo posible para empujarme a esto. Pero no crean que me rendiré sin luchar.
El hombre sonrió con calma, como si estuviera acostumbrado a esa resistencia.
-Nadie está pidiendo que te rindas, Nicolás. Solo que juegues el juego... nuestro juego.
Nicolás se sentó en la silla frente a la mesa, intentando no mostrar las emociones que lo quemaban por dentro.
-Entonces, ¿qué es exactamente lo que esperan de mí? -preguntó, cruzando los brazos en un intento por conservar el control.
Otro hombre, que había estado en silencio hasta ese momento, se inclinó hacia él. Sus ojos eran fríos y calculadores, un reflejo de las ambiciones que habían impulsado a muchos en aquel cuarto oscuro.
-Queremos que te encargues de las operaciones. Necesitamos alguien con tu experiencia, alguien que no tema ensuciarse las manos si es necesario. Gabriel había construido una red sólida, pero contigo podemos expandirnos mucho más rápido, cubrir más territorios.
Nicolás se mantuvo impasible, aunque cada palabra lo envenenaba. Sabía que si aceptaba aquello, su vida y su alma serían arrastradas cada vez más profundamente en aquel abismo. Pero la imagen de Helena atrapada en una red desconocida no le dejaba alternativas.
-¿Y qué pasará cuando ya no me necesiten? -preguntó, directo y sin rodeos-. No me engañan. Sé que en este negocio, todos somos prescindibles.
El primer hombre sonrió con sorna, inclinándose hacia adelante con una expresión de falso consuelo.
-Eso depende de ti, Nicolás. Eres inteligente, has sobrevivido hasta ahora. Si logras demostrar que puedes llevar las riendas, no habrá necesidad de reemplazarte. Al contrario, podríamos ofrecerte aún más... acceso, más poder. -Sus palabras cayeron como veneno, endulzadas con promesas vacías.
Nicolás estudió a cada uno de ellos, sabiendo que cualquiera de los presentes era capaz de traicionarlo en cuanto su utilidad llegara a su fin. La pregunta era si estaría dispuesto a aceptar ese riesgo por un objetivo mayor.
-¿Cuánto tiempo tengo para decidir mi próximo movimiento? -preguntó con voz controlada, aunque la tensión en su mandíbula era visible.
El hombre de cabello entrecano levantó una ceja, complacido de ver que Nicolás estaba comenzando a ceder.
-No te preocupes por el tiempo, Nicolás. Ahora formas parte de nosotros. Aunque, claro, cuanto antes tomes decisiones, más rápido verás resultados.
Nicolás asintió, sin apartar la mirada de sus interlocutores.
-Muy bien. Pero que les quede claro algo. Si estoy aquí, es solo para garantizar la seguridad de mi familia. Si en algún momento descubro que han mentido... -Hizo una pausa, permitiendo que sus palabras calaran profundamente en todos los presentes-. Seré yo quien traiga su caída.
La amenaza colgó en el aire, causando un breve silencio incómodo en el grupo. Pero lejos de intimidarse, el hombre de ojos calculadores simplemente sonrió.
-Estamos de acuerdo, Valverde. Nadie aquí quiere ponerse en tu contra... mientras seas útil.
Con eso, el tono de la reunión cambió, pasando de las formalidades a los asuntos prácticos. Comenzaron a discutir estrategias, metas y contactos clave en las diferentes ciudades. Nicolás escuchaba atentamente, memorizando cada nombre y lugar que mencionaban, cada hilo del vasto entramado que ahora controlaría. Sabía que cada detalle era una pieza de información que podría usar a su favor si el momento lo exigía.
Después de una hora de tensas explicaciones, finalmente le dieron acceso a una serie de documentos confidenciales, archivos que contenían detalles sobre las operaciones actuales y futuras. Nicolás no pudo evitar sentir una mezcla de fascinación y desprecio al ver hasta qué punto aquellas personas habían construido un imperio sobre la manipulación y el miedo.
Al terminar, el hombre de cabello entrecano se acercó a él y le entregó un teléfono.
-Este será tu enlace directo con nosotros. Cuando necesitemos contactarte, responderás sin excusas. Y recuerda, Nicolás, la lealtad es todo en este negocio. Cualquier muestra de rebeldía será respondida de forma inmediata.
Nicolás tomó el teléfono, sosteniéndolo con una mezcla de repulsión y resignación.
-Ya hemos terminado aquí, entonces.
El hombre asintió, y Nicolás se dio la vuelta para salir de la habitación. Sin embargo, antes de que pudiera cruzar la puerta, una voz lo detuvo.
-Valverde, espera.
Nicolás giró sobre sus talones, encontrándose con la mirada gélida del hombre de ojos calculadores.
-Recuerda algo importante. En este negocio, los amigos no existen. La confianza no existe. Cada decisión que tomes debe basarse en una sola cosa: sobrevivir. Y si en algún momento dudas de eso... bueno, ya sabes cómo termina para los débiles.
Nicolás no respondió, pero el mensaje quedó claro. Aquella gente no veía en él a un aliado, sino a un instrumento para sus propios fines. Y, aunque aceptaba el juego, ya planeaba cómo se aseguraría de que no lo dejaran atrás cuando dejara de ser útil.
De camino a su propio despacho, revisó los documentos que le habían entregado, dándose cuenta de cuán profundamente arraigada estaba la influencia de las sombras en cada aspecto de la ciudad. Las conexiones llegaban hasta figuras políticas, empresarios y funcionarios de las fuerzas del orden. Era como si una red invisible controlara cada movimiento en la ciudad y más allá.
Al llegar, se dejó caer en el sillón de cuero, soltando un suspiro de cansancio y frustración. Estaba envuelto en aquella red que lo sofocaba, y aunque su prioridad seguía siendo Helena, ahora sabía que tenía que actuar con astucia para protegerse a sí mismo.
Tomó el teléfono que le habían dado y lo miró durante varios segundos. Sabía que cada vez que sonara, sería para pedirle algo más oscuro, un nuevo compromiso con aquella vida sombría que tanto había tratado de evitar. Sus dedos pasaron sobre la pantalla, y una imagen de Helena vino a su mente, recordándole la razón por la que estaba allí.
Mientras se sumergía en sus pensamientos, el teléfono vibró. La pantalla mostraba un número desconocido, pero sabía que no podía ignorarlo. Respiró hondo y contestó, preparado para lo que fuera que viniera.
-Nicolás, ya tenemos una misión para ti -dijo la voz del otro lado, sin preámbulos.
-¿Cuál es el trabajo? -respondió, con un tono que no dejaba lugar a dudas de su disposición.
-Necesitamos que tomes el control de una operación en el norte. Es un trato importante, y tu presencia es necesaria para garantizar que se cumpla sin problemas. Además, queremos que envíes un mensaje claro a nuestros competidores. Uno que les recuerde que somos la fuerza dominante.
Nicolás asintió, consciente de lo que aquello significaba. Un acto de violencia calculada, una muestra de fuerza para mantener a todos bajo control.
-Entendido. ¿Cuándo debo partir?
-Esta noche. Habrá un avión esperándote en el aeropuerto. No tardes.
La llamada se cortó, dejándolo solo con sus pensamientos. Observó el teléfono por unos segundos antes de dejarlo en la mesa. Sabía que cada paso que daba en aquella dirección lo acercaba más al abismo, pero también sabía que ya no había marcha atrás.
Se levantó, se ajustó el saco y caminó hacia la ventana, observando la ciudad que una vez había soñado dominar de una manera distinta. Ahora, en lugar de ser el visionario que transformaba su entorno, era solo un instrumento de poder, atrapado en las sombras de aquellos que lo manipulaban. Sin embargo, en lo más profundo de su ser, sabía que esta vez no se rendiría.
