Capítulo 146 La Sombra del Compromiso

La noche era cerrada cuando Nicolás salió del Hotel Central, donde Emiliano le había expuesto el próximo movimiento. El hombre había sido claro y directo: querían que liderara una misión crítica, algo que probaría su lealtad, pero también marcaría una línea irreversible. 

Mientras avanzaba por las calles apenas iluminadas, un peso en el pecho lo asfixiaba. La ciudad parecía diferente a la que él conocía; las luces titilantes y las sombras lo envolvían en un aire hostil y lleno de desconfianza. Nicolás estaba perdiendo algo de sí mismo con cada paso que daba, y aunque su ambición y necesidad de control se reforzaban, había una grieta que crecía a su alrededor, una barrera invisible que se interponía entre él y la paz que alguna vez imaginó.

Un mensaje en su teléfono rompió el silencio, vibrando en su mano. Lo miró de reojo, notando que era de un número desconocido:

"Necesitamos hablar. Sé que tienes preguntas. Bar Dos Lunas, en una hora."

Sintió una punzada de sospecha. A lo largo de las últimas semanas, cualquier intento de contactar con los miembros de las sombras había sido a través de los teléfonos y métodos estrictamente controlados por la organización. Este mensaje tenía un tono diferente, una independencia que le resultaba inquietante. 

Sin embargo, no iba a perder la oportunidad. Esta noche parecía estar destinada a revelarle algo más, un nuevo rastro en la red de intrigas que lo envolvía.

Al llegar al Bar Dos Lunas, ubicado en una esquina apenas iluminada de la ciudad, Nicolás entró y se dirigió hacia el fondo, donde una figura encapuchada lo esperaba en un rincón. Al acercarse, el desconocido levantó la cabeza, revelando un rostro conocido y a la vez completamente inesperado.

-Raúl -murmuró Nicolás, su voz cargada de incredulidad.

Raúl era un viejo conocido de la familia Valverde, alguien que había trabajado con ellos años atrás, en la época en la que la sombra de los negocios ilegales apenas rozaba su vida. Había desaparecido sin dejar rastro y todos asumieron que se había retirado o incluso que había sido víctima de algún ajuste de cuentas.

-Te sorprende verme, ¿no? -Raúl sonrió, señalándole la silla frente a él-. Sabía que vendrías si te llamaba.

Nicolás se sentó, todavía descolocado.

-Hace años que te fuiste, Raúl. Nadie sabía dónde estabas... hasta ahora.

Raúl asintió, su sonrisa menguando mientras un destello de gravedad cruzaba su rostro.

-Es cierto, desaparecí. Pero no fue por voluntad propia -murmuró, su voz ronca-. Las sombras me obligaron a hacerlo, me silenciaron porque sabían que tenía información que podía... incomodarlos.

Nicolás se inclinó hacia adelante, intrigado.

-¿Qué información? ¿Por qué me llamaste?

Raúl tomó un sorbo de su bebida antes de mirarlo directamente a los ojos.

-Supe que Gabriel fue asesinado... y sé que fuiste tú quien lo hizo. No estoy aquí para juzgarte, Nicolás. Al contrario, creo que eres la única persona que puede hacer algo al respecto. Sabes que esto no va a detenerse solo con Gabriel. Hay fuerzas en las sombras mucho más profundas que él.

-No me digas lo que ya sé, Raúl -respondió Nicolás, con impaciencia-. ¿Qué es lo que realmente quieres?

-Quiero ofrecerte una opción. Una alternativa a lo que Emiliano y los líderes de las sombras planean para ti -Raúl bajó la voz-. Sé que ya estás comprometido con ellos, pero hay algo que no te han contado. Hay una segunda facción dentro de las sombras, una que no responde a Gabriel ni a sus sucesores. Son un grupo que trabaja en silencio, esperando el momento adecuado para tomar el control.

Nicolás sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Hasta ahora, pensaba que la organización funcionaba bajo una estructura centralizada, pero si había facciones...

-¿Y qué quieres que haga? -preguntó, su tono endurecido.

Raúl sonrió con un destello de ironía.

-Tienes una oportunidad única, Nicolás. Puedes aceptar esta misión que te asignaron, pero debes saber que, si la completas, no habrá vuelta atrás. Esa facción te vigila y, si te unes a ellos, perderás la poca libertad que te queda. Pero si decides enfrentarlos, esa misma facción podría convertirse en tu mejor aliada.

Nicolás entrecerró los ojos, considerando sus palabras.

-¿Qué ganaría con ellos?

-Libertad. Un tipo de libertad que ni siquiera imaginas -Raúl dejó escapar un suspiro antes de continuar-. Ellos no están interesados en el poder tradicional, sino en influir sobre quienes lo poseen. Son los verdaderos arquitectos de las sombras.

El silencio se alargó entre ambos, como un hilo tensado al borde de romperse. Nicolás, atrapado en la red de mentiras y secretos, sabía que estaba ante una decisión crucial. 

-Entonces... ¿esto se trata de traicionar a Emiliano y a los líderes de las sombras? -preguntó, casi en un susurro.

Raúl lo miró fijamente, como si evaluara la dureza en sus ojos, buscando alguna señal de debilidad.

-Si decides aceptarlo, no habrá vuelta atrás. Pero si continúas el camino que estás siguiendo... entonces, tarde o temprano, ellos mismos te eliminarán, Nicolás. Lo sabes, ¿verdad?

La amenaza implícita en esas palabras resonó en su mente. Sabía que Raúl tenía razón. Emiliano y los demás líderes no se detendrían hasta verlo completamente subordinado o, de lo contrario, destruido. Pero la idea de traicionarles, de cortar lazos y asumir el control, también representaba un peligro inimaginable.

Finalmente, Nicolás suspiró y asintió, aceptando la propuesta que Raúl le había puesto sobre la mesa.

-Voy a considerar tu oferta, Raúl. Pero no me pidas que actúe sin un plan sólido. No soy un peón en este juego. Y si lo que dices es verdad, entonces quiero saber exactamente con quién estoy tratando.

Raúl sonrió, satisfecho.

-Lo tendrás, Nicolás. Solo ten cuidado. En las sombras, incluso las alianzas pueden convertirse en armas de doble filo.

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