Capítulo 01

Emily

Miré por la ventana del apartamento de Alexander Hayes, tratando de absorber la vista impresionante que tan a menudo me hacía olvidar la realidad. Las luces de la ciudad brillaban como estrellas, pero esta noche, su resplandor parecía apagado, sin vida. Quizás era un reflejo de cómo me sentía por dentro. En mis manos, la nota de Alexander ardía como un cruel recordatorio de que todo lo que pensé que había construido con él no era más que una ilusión.

“Esto tiene que terminar.”

Tres palabras frías, secas y definitivas. Sin explicaciones, sin despedidas. Era típico de Alexander. Siempre había estado en control, y esta vez no era diferente. Cinco años. Cinco años de mi vida dedicados a un hombre que nunca me vio más allá de lo que podía ofrecer dentro de las paredes de ese lujoso apartamento. Pensé que ser la mujer perfecta, obediente y sumisa sería suficiente para que me amara. Pero estaba equivocada, y ahora, finalmente, tenía que enfrentar esa verdad.

Respiré hondo, tratando de alejar el nudo que se formaba en mi garganta. No habría lágrimas, no esta vez. Caminé por la sala, mis dedos deslizándose sobre la mesa de vidrio donde tantas cenas íntimas y conversaciones susurradas habían tenido lugar. El apartamento estaba lleno de recuerdos, pero hoy se sentía vacío, frío, igual que yo.

Agarré mi bolso y me dirigí hacia la puerta. No miré atrás. Alexander no merecía ver mi dolor, y me negaba a darle ese poder. Siempre había controlado todo, pero ahora, salir por esa puerta sería mi elección. Mientras el ascensor descendía lentamente, sentí el peso de todas mis decisiones. No era la misma mujer que había entrado en ese edificio años atrás, llena de sueños y esperanzas de que podría ser más que solo la amante secreta de un poderoso CEO.

Salí del edificio con pasos firmes, tratando de ignorar el agujero que se abría en mi pecho. El aire frío de la noche me envolvía, trayendo una sensación de libertad mezclada con incertidumbre. No sabía qué haría a continuación, pero por primera vez, estaba dispuesta a averiguarlo.


Pasaron los meses, y con el tiempo, comencé a reconstruirme. Cambié mi trabajo monótono por un nuevo puesto en una startup tecnológica que me desafiaba cada día. Redescubrí una confianza que había olvidado que poseía. Fue durante este tiempo que conocí a Michael Reed, un amable arquitecto que me trataba con el cuidado con el que siempre había soñado. Era el opuesto de Alexander, un hombre seguro y estable que me hacía sentir vista y amada.

Michael era fácil de amar. Su cálida sonrisa, sus manos que me sostenían con suavidad, y sus palabras que me hacían creer que merecía más de lo que había vivido con Alexander. Cuando me pidió que me casara con él, no dudé. Era el nuevo comienzo que necesitaba.

Estábamos en una cena con amigos celebrando nuestro compromiso. Era una noche ligera, llena de risas y brindis. Mientras observaba a Michael, sentí una paz que no había experimentado en mucho tiempo. Finalmente, mi vida estaba en orden, y el pasado era solo eso—un recuerdo distante.

Me levanté para ir al baño, queriendo un momento para respirar hondo y absorber la felicidad del momento. Pero cuando salí, mi mundo se detuvo. En el pasillo, apoyado contra la pared como si fuera dueño del lugar, estaba Alexander Hayes. Se veía aún más imponente, sus ojos oscuros fijos en mí con una intensidad que hizo que mi corazón se acelerara. Era el último fantasma que quería ver esa noche.

—Emily.

Dijo mi nombre como una oración, y cada sílaba reverberó en mí de una manera que no quería admitir. Estaba congelada, atrapada entre el impulso de correr y la ira de verlo allí en un momento que debería haber sido solo mío.

—No tengo nada que decirte —respondí, tratando de mantener mi voz firme, aunque por dentro, estaba hecha un desastre.

Él dio un paso adelante, cerrando la distancia entre nosotros, y de repente el aire se sintió pesado, cargado con todo lo que nunca habíamos dicho.

—Cometí un error. No debí dejarte ir.

Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente pudiera procesarlo. Sentí sus manos tirando de mí con fuerza, mi cuerpo presionado contra la fría pared. Su toque, su aroma, todo era familiar y devastadoramente tentador. Alexander me besó con una furia que mezclaba arrepentimiento y deseo. Era como si intentara borrar todos los meses que habíamos pasado separados, como si quisiera marcarme de nuevo, dejar claro que nunca sería libre de él.

Lo empujé con fuerza, mis ojos llenos de lágrimas que me negaba a dejar caer.

—No puedes hacer esto. No puedes simplemente aparecer y esperar que olvide todo.

—Emily, por favor —suplicó, sus ojos implorantes de una manera que nunca había visto antes. Alexander Hayes, el hombre que nunca se inclinaba ante nadie, estaba allí, vulnerable. Pero no podía permitirme creer en sus palabras de arrepentimiento.

—Estoy comprometida, Alexander. He seguido adelante.

Esas palabras salieron de mi boca más como un recordatorio para mí misma que para él.

Se pasó las manos por el cabello, visiblemente frustrado.

—No puedo perderte de nuevo. Sé que fui un idiota, pero te amo. Siempre te he amado.

El impacto de sus palabras fue un golpe directo, pero no podía ceder. No más. Di un paso atrás, alejándome de él y del pasado que representaba.

—Perdiste tu oportunidad de amarme, Alexander. Ahora es mi turno de decidir.

Lo dejé allí, con sus promesas tardías y su arrepentimiento. Regresé al comedor donde Michael me esperaba, sonriendo como si yo fuera la mujer más increíble del mundo. Y tal vez, por primera vez, comencé a creer que realmente lo era.

Siguiente capítulo