Capítulo 04

El silencio de la noche envolvía la casa, y mientras miraba a Sol durmiendo a mi lado, la sensación de inseguridad era palpable. La muerte de mi padre, los susurros de sombras alrededor, todo parecía culminar en un crescendo de miedo e incertidumbre. Sabía que algo tenía que cambiar, pero la decisión no era fácil.

Me desperté temprano esa mañana, con los ojos aún cansados de lágrimas y de un sueño inquieto. Damian me observaba atentamente mientras me sentaba a la mesa para desayunar. Había algo diferente en él, una seriedad que no podía ignorar.

—Aurora —comenzó, su voz firme pero suave—. Necesitamos hablar.

Lo miré, sintiendo una punzada de preocupación. —¿Sobre qué, Damian?

—Sobre tu seguridad y la de Sol. La situación se está volviendo más peligrosa de lo que imaginábamos. Necesito que consideres una medida que puede parecer extrema, pero es necesaria.

Mis manos temblaron ligeramente mientras sostenía la taza de café. —¿Qué tienes en mente?

—Quiero que tú y Sol vengan a vivir conmigo. Mi casa está fortificada con encantamientos antiguos y guardianes que solo me obedecen a mí. Allí, puedo protegerte mejor y asegurarme de que nada malo suceda.

Dudé, mi mirada se desvió de Damian a Sol, que jugaba distraídamente con un juguete. La idea de dejar nuestra casa, el último vestigio de normalidad, me llenaba de tristeza. Pero sabía que tenía razón. —Damian, yo... no sé. No quiero dejar nuestra casa, pero sé que tienes razón. No tengo elección, ¿verdad?

—La decisión es tuya, Aurora, pero temo que los riesgos de quedarnos aquí son demasiado grandes. Prometo que haré todo lo que esté en mi poder para asegurar tu seguridad.

Suspiré, la determinación finalmente superando la duda. —Está bien. Lo haremos.

Empacar la casa y prepararnos para la mudanza fue un proceso rápido pero cargado de emociones. Mientras empacaba las pertenencias esenciales de Sol, mis manos temblaban al tocar objetos que llevaban tantos recuerdos. Damian siempre estaba cerca, asegurándose de que todo se hiciera rápida y seguramente.

El viaje a la casa de Damian pareció un borrón. Entre empacar la casa y tratar de mantener a Sol tranquilo, apenas tuve tiempo de procesar la magnitud del cambio. Cuando finalmente llegamos, el sol comenzaba a ponerse, proyectando un resplandor dorado sobre la imponente mansión antigua. La grandeza y seguridad que emanaba el lugar eran innegables.

—Aquí estarás a salvo —dijo Damian, guiándonos hacia adentro.

La mansión era imponente, con pasillos anchos y altos, decorados con tapices antiguos y pinturas que parecían de siglos atrás. Las paredes estaban cubiertas con runas protectoras, y una sensación de paz y seguridad llenaba el aire. Sol sostenía mi mano, sus grandes ojos observando todo a su alrededor con una mezcla de curiosidad y miedo.

—Te mostraré dónde te quedarás y te explicaré las medidas de seguridad —continuó Damian, su voz firme pero suave.

Asentí, tratando de procesar todo. Damian nos mostró nuestras habitaciones, la sala de estar y el sótano, que había transformado en una sala de entrenamiento.

Mientras caminábamos por la mansión, apareció una mujer alta con una apariencia serena. —Aurora, esta es Elena —dijo Damian—. Será la niñera exclusiva de Sol.

Elena sonrió cálidamente a Sol, quien tímidamente se escondió detrás de mí. —Hola, Sol. Vamos a divertirnos mucho juntos —dijo, su voz suave y reconfortante.

Sol me miró en busca de confirmación, y yo sonreí, animándolo a ir con Elena. —Todo estará bien, Sol. Elena te cuidará muy bien.

Elena llevó a Sol a su nueva habitación, y Damian me guió a una zona más aislada de la mansión.

—Ahora que Sol está en buenas manos, tendrás más tiempo para servir a mi propósito —dijo Damian, su voz tomando un tono serio que me hizo estremecer.

—¿Servir a tu propósito? —pregunté, mi voz temblando ligeramente.

Damian se detuvo frente a una puerta grande y antigua. —Sí, Aurora. Hay mucho que necesitas aprender y hacer para estar lista para lo que viene. Esto requerirá tu tiempo y dedicación.

Abrí la boca para responder, pero las palabras me fallaron. Sentí una mezcla de miedo y curiosidad. Damian abrió la puerta, revelando una habitación impresionante y elegantemente decorada. Las paredes estaban revestidas con ricos tapices, y una enorme cama con dosel dominaba el espacio.

—Esta es mi habitación —dijo, observando mi reacción—. Pasarás mucho tiempo aquí, entrenando y aprendiendo sobre tu verdadero destino.

Entré en la habitación con vacilación. El ambiente era opulento, pero había una sensación de intimidad y calidez que no esperaba. Damian me observaba atentamente, esperando mi reacción.

—¿Esperas que... me quede aquí? —pregunté, sintiendo un nudo formarse en mi estómago.

—Sí, Aurora. Gran parte de lo que necesitas aprender se enseñará aquí. Es importante que te sientas cómoda y segura.

Miré a mi alrededor, tratando de procesar la situación. —¿Y si no quiero? ¿Y si no puedo hacer lo que esperas de mí?

Damian se acercó, sus ojos oscuros fijos en los míos. —Eres más fuerte de lo que piensas, Aurora. Y estaré a tu lado, guiándote y protegiéndote. Juntos, podemos enfrentar cualquier cosa.

Su proximidad me hizo sentir una mezcla de seguridad y vulnerabilidad. —¿Por qué estás haciendo esto, Damian? ¿Por qué yo?

—A su debido tiempo, lo entenderás —respondió, su voz firme y llena de convicción—. Y estoy aquí para asegurarme de que alcances tu destino.

Con esas palabras resonando en mi mente, supe que mi vida nunca sería la misma. Había mucho que aprender, mucho que entender sobre mi papel en el inframundo. Hace unos días, mi vida era completamente diferente, y ahora, todavía estaba tratando de procesarlo todo. Damian era un misterio, pero sentía que, a pesar de todo, podía confiar en él.

—Lo intentaré —dije, mi voz firme a pesar del miedo—. Haré lo que sea necesario.

Damian sonrió, un raro destello de calidez en su expresión normalmente seria. —Eso es todo lo que pido, Aurora.

Más tarde, en el silencio de mi nueva habitación, pensé en todo lo que había sucedido. La muerte de mi padre, la mudanza a la mansión de Damian y la nueva responsabilidad que ahora pesaba sobre mis hombros. Sentía miedo, pero también una creciente determinación. Sol estaba a salvo, y yo tenía un propósito mayor que cumplir.

Mientras las sombras danzaban en las paredes, me prometí a mí misma que no dejaría que el miedo me dominara. Enfrentaría cada desafío de frente, con Damian a mi lado.

La misión es clara, pero el camino es nebuloso. Cada paso que dé debe ser calculado, cada decisión tomada con conciencia de las repercusiones. El inframundo espera a su reina, y yo soy la sombra que asegurará que llegue a su trono.

No fallaré. Por Sol, por Damian y por el equilibrio de nuestros mundos.

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