Capítulo 05

Aurora

Los primeros días en la mansión de Damián pasaron en un torbellino de emociones y nuevos aprendizajes. El entrenamiento comenzaba temprano, con Elena cuidando de Sol y asegurándose de que se sintiera seguro y feliz. Mientras tanto, Damián me llevaba a sesiones intensas de aprendizaje, donde cada lección revelaba un poco más sobre los misterios del mundo en el que estábamos inmersos.

Cada mañana, me despertaba con un nudo en el estómago, ansiosa por lo que el día podría traer. Damián siempre comenzaba con un ejercicio físico, algo que no esperaba pero que terminé encontrando vigorizante. Me enseñó a usar una espada, lo cual al principio parecía una tarea monumental, pero gradualmente se volvió más natural.

—La espada es una extensión de ti misma —decía, su voz profunda resonando en la sala de entrenamiento—. Debes aprender a confiar en ella, así como confías en ti misma.

Y así pasaban las horas entre movimientos rápidos e intensos, y poco a poco, sentía la fuerza creciendo dentro de mí. Sin embargo, había momentos en los que la inseguridad se apoderaba de mí, especialmente cuando hablaba sobre mi futuro.

—Aurora, necesitas entender que no se trata solo de luchar —dijo Damián durante una de nuestras sesiones—. Tienes una conexión especial con la magia antigua, algo que pocos poseen. Esta habilidad es lo que nos ayudará a restaurar el equilibrio en nuestro mundo.

—¿Pero qué pasa si no puedo hacerlo? —pregunté, con el miedo asomando en mi voz—. ¿Qué pasa si no soy lo suficientemente fuerte?

Damián se acercó, su expresión seria. —Ya eres más fuerte de lo que piensas. Estaré a tu lado, y juntos enfrentaremos cualquier obstáculo. Confía en mí, y confía en ti misma.

Sus palabras resonaron en mi mente, creando un vínculo de esperanza. Empezaba a creer que era más que una simple víctima de las circunstancias. Pero esta creencia tenía un precio. El peso de la responsabilidad de proteger a Sol y de entender mi verdadero papel en todo esto me presionaba cada día.

Una tarde, mientras practicábamos hechizos en una sala iluminada por una gran ventana, algo inesperado sucedió. La energía en el aire cambió, y sentí una presencia que no podía identificar. Damián lo notó de inmediato, sus ojos se entrecerraron mientras escaneaba el área.

—¿Qué pasa? —pregunté, sintiendo mi corazón acelerarse.

—Algo está mal —respondió, su tono grave—. Quédate cerca de mí.

La atmósfera se volvió pesada, y sentí la necesidad de concentrarme. Cerré los ojos e intenté sintonizar con la energía a mi alrededor. La conexión mágica parecía vibrar con intensidad, y entonces, una imagen flotó en mi mente —una sombra familiar, un rostro que no había visto en mucho tiempo.

—Es mi padre —murmuré, el reconocimiento inundándome de emociones—. Está en peligro.

Damián se volvió hacia mí, la preocupación marcada en su rostro. —Necesitas prepararte. Lo que está sucediendo puede estar relacionado con tu pasado. Debemos investigar.

Mi corazón latía con fuerza mientras intentaba controlar la oleada de emociones. Sabía que no podía dudar, no con Sol involucrado. —Vamos.

Damián asintió, y juntos nos dirigimos a la biblioteca de la mansión, un lugar que había descubierto estaba lleno de libros antiguos y tomos de conocimiento arcano. Sacó un gran volumen polvoriento de un estante, sus páginas amarillentas parecían vibrar con la energía que emitían.

—Estos textos contienen información sobre los espíritus ancestrales y la conexión que tienes con ellos —dijo, pasando rápidamente las páginas—. Si tu padre está en peligro, necesitaremos usar esta conexión a nuestro favor.

—¿Cómo hacemos eso? —pregunté, con la voz temblando ligeramente.

—Necesitarás entrar en un estado profundo de meditación. Será un riesgo, pero puede llevarnos hasta él —explicó Damián, su voz firme y alentadora.

Preparándome para lo que estaba por venir, comencé a meditar, siguiendo las instrucciones de Damián. Cerré los ojos y respiré profundamente, tratando de silenciar mi mente acelerada. Las imágenes comenzaron a fluir —destellos de momentos con mi padre, risas compartidas y, finalmente, la oscuridad que ahora lo rodeaba.

—Concéntrate —murmuró Damián, su mano apretando mi brazo—. Deja que la conexión te guíe.

Sentí una ola de energía envolviéndome, como si me estuvieran llevando a otro lugar. Las paredes de la biblioteca desaparecieron, y me vi inmersa en un mundo de luces y sombras. El rostro de mi padre apareció, pero había algo perturbador en su expresión.

—Aurora... —susurró, su voz resonando con una mezcla de desesperación y amor—. Te necesito.

—¡Papá! —grité, extendiendo la mano en un intento de alcanzarlo—. ¿Dónde estás? ¿Qué está pasando?

—La oscuridad se está cerrando. Debes venir a buscarme, pero ten cuidado. No confíes en nadie más que en ti misma.

Sus palabras atravesaron la niebla de energía que me rodeaba, y la conexión comenzó a romperse. Necesitaba actuar rápidamente. —¡Te encontraré, lo prometo!

Con ese pensamiento, todo se desvaneció en la oscuridad. La biblioteca volvió a aparecer a mi alrededor, y me di cuenta de que estaba nuevamente frente a Damián, mi respiración rápida y pesada.

—¿Viste algo? —preguntó, preocupado.

—Sí, mi padre está en peligro. Dijo que la oscuridad se está cerrando y que no debo confiar en nadie —respondí, llena de determinación.

Damián frunció el ceño. —Necesitamos prepararnos. Si la oscuridad está en movimiento, no tenemos tiempo que perder.

Sabía que el viaje por delante sería peligroso, pero la urgencia de proteger a mi padre y a Sol alimentaba mi valor. Damián comenzó a reunir equipo y armas, cada uno de sus movimientos preciso y enfocado. Me uní a él, sintiendo una nueva adrenalina correr por mis venas.

—Estamos listos —dijo, deteniéndose para mirarme a los ojos—. Lo primero que debemos hacer es averiguar dónde está. ¿Puedes sentir su presencia?

Intenté concentrarme, usando la conexión que había sentido antes. —Sí, pero es como si estuviera entre mundos. Necesitamos un ritual para traerlo de vuelta.

Damián asintió, con una expresión decidida en su rostro. —Entonces preparemos lo que necesitamos. Juntos, podemos manejar esto.

Mientras nos preparábamos para el viaje, una nueva confianza comenzó a florecer dentro de mí. Ya no era solo la hija buscando a su padre. Era Aurora, y estaba lista para enfrentar lo que la oscuridad estuviera planeando.

—Vamos a encontrar a tu padre —dijo Damián, colocando una mano en mi hombro—. Y no dejaremos que nada nos detenga.

Con esas palabras, partimos en busca de lo que temía y deseaba encontrar: mi padre y la verdad sobre lo que estaba sucediendo. Cada paso que dábamos era un paso más cerca de la oscuridad, pero también de la luz que buscábamos.

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