Capítulo 7 Cap. 7

Esa noche oscura y fría en la casa de Paloma, la joven se colocaba hielo en su rostro, debido al porrazo que por defender a su madre le tocó a ella.

Su padre era un hombre a más de machista, violento. Él creía que el respeto se ganaba a golpes, tanto Paloma, como su madre le tenían miedo, con aquel sujeto era imposible mantener una conversación sin que se alterara o respondiera a gritos y eso en el mejor de los casos, porque cuando lo contradecían lo que recibían de él, era maltrato físico.

La joven permanecía recostada en su cama: «El hombre que yo amo by Miriam Hernández» sonaba en el playlist que tenía en su móvil.

Al repetir las notas de la melodía el rostro de Iván, se le vino a la mente, una gran sonrisa se dibujó en sus labios, suspiraba recordando sus besos, sin embargo, comparaba a su novio con su padre, mientras el uno era un verdadero caballero, el otro de gentil no tenía nada.

Un ligero escalofrío recorrió a Paloma, ante el temor de que su padre no aceptara su noviazgo. Iván, le llevaba doce años, era millonario, y ellos eran humildes, y sencillos. A la joven a veces le invadían las dudas, pensaba que las personas de la clase social de su novio no se fijaban en muchachas como ella. Pero quizás la suerte estaba de su lado, y el hombre por el que había esperado en su corta vida, lo tenía tan cerca.

La joven para olvidar el incidente con su padre decidió llamar a su novio, necesitaba escuchar la voz de él, y que de sus labios saliera un te amo, como el que siempre le decía, entonces marcó el número de su chico...


Iván, en su soledad, daba órdenes precisas para realizar el sepelio de su hermano en la más absoluta privacidad. No quería que los medios de comunicación publicaran las noticias, no deseaba especulaciones, ni nada que pudiera dañar la imagen de Alain.

Abrumado de dolor, de dudas, y contradicciones su IPhone empezó a sonar: era ella...la causante del sufrimiento que ahora lo embargaba, quien horas atrás era la que llenaba su mundo de alegría. Presionó con fuerza sus puños hasta que sus nudillos se volvieron blancos; guardó su teléfono, no quería escucharla, tenía miedo de caer en la tentación, y que lo terminara convenciendo de su inocencia con aquel rostro angelical y esa limpia mirada.

«Eres una gran actriz Paloma Borrero, ahora sí vas a conocer lo que un hombre de verdad puede llegar a hacer» amenazó, mientras contemplaba una fotografía de ella.

La joven volvió a insistir. Iván, inhalando profundo y aclarándose la garganta respondió:

—Buenas noches. 

—Hola, amor de mi vida, espero no molestarte —saludó Paloma. Iván resopló al otro lado de la línea. —¿Estás bien? —Cuestionó la joven

—Sí...bueno tengo unos problemas con algunos negocios —mintió Iván, tensando la mandíbula.

—Yo no sé nada de eso, pero si en algo puedo ayudarte —pronunció ella con su dulce voz. Entre tanto el corazón de Iván, se estrujaba en el pecho.

—Voy a salir fuera del país por unos días —comentó mientras lágrimas bajaban por las mejillas de aquel hombre.

El corazón de Paloma, se entristeció, pensó que quizás él ya no volvería, y que todo había sido un pasatiempo, un nudo se le formó en el estómago, mientras sus manos temblaban sosteniendo el teléfono.

—¿Te vas por muchos días? —averiguó sollozando.

—No te sabría decir a ciencia cierta... ¿Me vas a extrañar?

—¡Claro que sí! —exclamó ella—, se me van a hacer eternos los días, voy a contar los segundos para verte.

Iván ladeó la cabeza, las palabras de ella le hacían dudar; en ese momento vivía una lucha interna, entre vengar la muerte de su hermano y el amor que sentía por Paloma, estaba a punto de enloquecer, necesitaba alejarse de esa mujer para planear su venganza.

—Yo me comunico cuando esté de regreso. 

Iván colgó la llamada, sin despedirse de Paloma, quien abrazó su almohada llorando creyendo que no lo volvería a ver jamás.

Minutos después el fiscal salió de la morgue con el informe de la autopsia, constatando que había sido el propio Alain, el que acabó con su vida, por la dirección en la que la bala ingresó a su cuerpo. 

—Ingeniero Arellano, el arma que utilizó su hermano, pertenecía a su familia, por los registros que tenemos en nuestra base de datos. 

Iván limpió las lágrimas de su rostro, inclinó su cabeza hacia atrás, buscando la manera de cobrar fuerzas. 

—Sí, ese revólver era de nuestro padre —murmuró—, lo guardamos en una gaveta del escritorio en el estudio de la mansión —comunicó. 

—Lamentamos su pérdida —dijo el Fiscal—, están alistando el cuerpo para entregárselo. 

Iván se llevó sus gélidas manos al rostro, sin poder creer aún que lo que iba a recibir era el cadáver de su hermano, giró caminando unos pasos para caer de rodillas sobre el pavimento, soltando todo el llanto que estaba conteniendo, entonces el fiscal de nuevo se acercó. 

—Ingeniero, encontramos esto entre las pertenencias de su hermano. —Le entregó una cajita de terciopelo. 

Iván tomó el objeto en sus manos, se puso de pie, entonces lo abrió, dentro de aquel estuche apareció ante sus ojos: un hermoso anillo en oro blanco, con un diamante en el centro. 

—Gracias —pronunció con la garganta seca, entonces recordó lo entusiasmado que se veía Alain, hablando de su futuro matrimonio. Apretó sus dientes con fuerza, tratando de entender qué pudo pasar, para que tomara esa cruel decisión, justo en ese preciso momento el móvil de su hermano vibró en el bolsillo de su chaqueta, enseguida lo sacó, frunció el ceño al mirar aquel número, no respondió, luego de eso, apareció un mensaje de texto. 

«Mi tarado soñador, espero que ya no sigas molesto conmigo, no me gustó la manera como se terminaron las cosas entre nosotros, no vi tu llamada, por eso no respondí. Espero te comuniques conmigo lo más pronto posible»

Iván cerró los ojos, talló su rostro con la mano, tratando de limpiar las lágrimas, pero era imposible no llorar, más cuando los servicios funerarios sacaron el féretro con el cuerpo de su hermano.

—Tu vida, por la de él —susurró, observando en el móvil de Alain, una fotografía de ella. 


Al día siguiente una bruma de neblina cubría aquella mañana quiteña. En uno de los cementerios privados de la capital, rodeado de sus empleados y amigos de confianza Iván, en completa soledad, y destrozado le daba el último adiós a su hermano menor, con la partida de él, sentía que un gran pedazo de su vida se iba con Alain. Por debajo de los lentes de sol lágrimas bajaban por su rostro, cual cascadas.

Gustavo, trataba de darle ánimo poniendo su mano en el hombro de él.

—Tienes que ser fuerte —recomendó—. Tú eres un hombre valiente.

Gustavo, intentaba brindarle consuelo a su amigo, él tampoco podía comprender que motivó a Alain, a tomar esa terrible decisión de quitarse la existencia.

—La vida es el don más preciado que el hombre posee. La forma en como la diriges es lo que genera problemas. Muchas veces no sabemos afrontar las adversidades, perdemos las esperanzas, y cuando eso sucede todo pierde sentido —expuso el sacerdote mientras celebraba la ceremonia de despedida a Alain. 

Iván, sollozaba, presionaba sus puños con fuerza, tratando de contenerse. 

—Tranquilo —susurró Gustavo, intentando darle ánimo. 

—La vida es peregrinaje. Recordemos que todo estamos de paso. Nuestro verdadero destino es la promesa de Jesús, de una vida eterna. Los días terrenales transcurren con penas, alegrías, vivencias que permiten aprender y prepararte para tu encuentro con el creador —concluyó el sacerdote al momento que bendijo el féretro en donde reposaba el cadáver de Alain.

Los encargados del cementerio empezaron a bajar el ataúd a la fosa dentro del mausoleo de la familia Arellano. Iván, cayó de rodillas sobre el suelo y no cesaba de llorar. A su mente se venían tantos recuerdos: La alegría que irradiaba su hermano a cada instante, sus locuras, sus sueños, todo se había ido a la basura por culpa de una mujer, y esa era la misma a la que él amaba. 


Una hora después. 

Iván, desolado, y con aquel profundo silencio que reinaba en la mansión, dejó caer su cuerpo en uno de los sillones del gran salón, se llevó sus dedos hacia el puente de la nariz, pensativo. 

Minutos después, realizó una importante llamada, y una hora más tarde recibió a la persona, con quién se comunicó. 

—Ingeniero Arellano, vine apenas me avisó. ¿Cuál es la urgencia?

—Agente Martínez —pronunció, se aclaró la garganta para proseguir—. Necesito que investigue a esta mujer —solicitó, extendiendo al hombre el móvil de Alain, indicando una foto de Paloma—, deseo saber qué relación tiene, o tuvo con mi hermano —ordenó, mientras procedía a relatar lo sucedido la noche anterior. 

El agente solicitó abrir el estudio del joven pintor, recabó de ese lugar varias pruebas que le servirían para su investigación. 

—Apenas tenga el informe, me comunicaré con usted —habló el agente. 

—Espero sea lo antes posible —solicitó.

Capítulo anterior
Siguiente capítulo