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Layla se aferró con más fuerza a Davian. No esperaba que el Alfa Nolan reconociera su presencia, y mucho menos que se dirigiera a ella directamente.

—¿Mi teléfono? —preguntó, confundida, mirando de él a Davian.

—¿Qué hiciste? —le espetó Davian. Sus ojos eran de un gris oscuro, como cielos de torme...

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