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Nunca vuelvas a hacer eso.

Sus palabras le retumbaron en los oídos. Lo dijo una sola vez, pero ella lo oyó por lo menos cinco veces. Sintió el pecho oprimido y, por un momento, no pudo procesar sus emociones. No fue hasta que el auto volvió a ponerse en marcha que logró controlarse.

—¿Me escucha...

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