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—Lo haré.

—Bien —respondió Davian, y tuvo que contenerse para no morderle la oreja.

¿Qué estaba haciendo? Tenía que controlarse. Estaban teniendo una conversación de corazón a corazón y lo único en lo que podía pensar era en desabrocharle la lencería.

Ella olía tan bien y, para colmo, esa postura...

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