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Gruñó junto a su oído cuando sus dedos cálidos le rozaron los labios húmedos. Siguió el rastro de su humedad y ella se retorció con cada caricia.

—Oh. Nolan, espera. No puedes…

Los sonidos que ella hacía lo incitaban, y volvió a morderle el cuello, jugueteando con la piel con suavidad. No lo sufic...

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