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—Qué lástima. Verás, tú ya tienes el mío.

Sus ojos azul profundo se mantuvieron firmes mientras hablaba.

Rosa parpadeó, un poco impactada por lo fácil que le salieron las palabras, pero se recompuso enseguida.

—Uy, qué labioso. ¿Así fue como metiste a todos los omegas en tu cama? —preguntó, desli...

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