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Layla prácticamente huyó del auto. En cuanto bajó, inhaló hondo, disfrutando el olor del aire fresco.

El aroma del amo Davian empezaba a nublarle los sentidos, y se descubrió pensando en cosas innecesarias.

Una mirada fría le congeló la sonrisa en el rostro y se dio la vuelta para ver al mayordomo...

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