Capítulo 27 Las setenta y dos horas

El reloj del estudio marcaba las once y diecisiete de la noche cuando el sonido del bastón del abuelo desapareció por completo bajo la lluvia.

Ninguno de los dos se había movido del vestíbulo. El agua seguía goteando de nuestros abrigos hasta el mármol. El grabador, envuelto en el paño de lino, pes...

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