Capítulo 38 Después de la declaración

El auto no arrancó de inmediato.

Permanecimos estacionados en el sótano del juzgado, con el motor apagado y el silencio creciendo entre nosotros como una tercera presencia. Adrián tenía ambas manos en el volante, los nudillos blancos, la mirada fija en el muro de hormigón de enfrente. Yo miraba mis...

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