Capítulo 30 Calma.

“Es raro, no hay calma en lo absoluto,”

El auto deportivo avanzaba con suavidad, demasiado silencio para el estado mental de Julieth. Las luces de la ciudad se deslizaban por los cristales como sombras que llamaban a la calma,  pero ella no lograba relajarse.

Massimo conducía con una mano firme so...

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