Capítulo 80

—Estabas cubierta de lodo —dije, y a ella se le enrojecieron las mejillas.

—Te acuerdas —volvió a reír, aunque el sonido se fue volviendo cada vez más seco—. Sí, de la emoción me tropecé y caí en un charco de lodo cuando entramos a la arena, pero era una niña. ¿Qué tiene de malo estar un poco embar...

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