Libro 3 - Capítulo 27

El mundo no se rompió; se itemizó.

Las columnas de piedra se volvieron conteos. Las sombras se angulaban hacia los márgenes. Hasta mi respiración se sentía involuntaria: cada inhalación sellada, cada exhalación iniciada por una mano que no era la mía. El hilo que iba de mi pecho a la palma del Cole...

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