Libro 3 - Capítulo 30

La caverna no explotó.

Se plegó.

La piedra se abolló como papel bajo un pulgar. El aire se contrajo hacia adentro, tragándose su propia forma antes de escupir otra nueva. Las runas de las paredes parpadearon, murieron, se reencendieron y luego gritaron como si de pronto recordaran que estaban viva...

Inicia sesión y continúa leyendo