111. LA CALMA ANTES DE LA TORMENTA

KADE

—¡Puck!

Dante se giró despacio para mirarme.

—Esto —dijo con mucha calma— es totalmente tu culpa.

Me apoyé en la encimera de la cocina y crucé los brazos.

—Ella lo dijo mal.

—¿Ah, sí? —preguntó Dante—. Porque a mí me sonó muy correcto.

—Puck —repitió Luna, orgullosa.

—¿Ves? —dijo D...

Inicia sesión y continúa leyendo