124. LA CULPA DE HERIR A SU SER QUERIDO - I

SELINE

No podía sentir el agua.

La ducha salía caliente, el vapor llenaba el baño pequeño, el sonido del agua golpeando los azulejos resonaba suave a mi alrededor y, aun así, la sensación nunca llegaba a mi piel. Me senté en el suelo bajo el chorro, con las rodillas recogidas contra el pecho...

Inicia sesión y continúa leyendo