130. EL HANA - II

KADE

La línea de la costa se extendía sin fin frente a mí; el mar se plegaba sobre sí mismo en olas lentas e inquietas que se negaban a calmarse, por más veces que rompieran contra la arena. Había venido aquí solo por eso. Por el ritmo. La repetición. Había algo en ello que hacía que el ruido ...

Inicia sesión y continúa leyendo