133. LA CAMISA QUE NO ERA SUYA

KADE

—No descansas. No me dejas descansar —maldijo Dante a mi lado.

—Entonces, vete a casa —espeté.

—No puedo dejarte en medio de una guerra —gritó.

Miré a mi alrededor, a los cuerpos esparcidos.

Durante el último mes, nuestros envíos habían sido saboteados. Las rutas seguras ya no lo eran,...

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