167. MIRÁNDONOS

SELINE

Kade ni siquiera levantó la vista cuando entré; su atención estaba clavada en la laptop apoyada contra su muslo. El tenue resplandor de la pantalla le dibujaba líneas duras en la cara, haciendo que cada ángulo de él se viera más severo de lo que probablemente era; o quizá no era la luz, quiz...

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