16. ÁTALE LOS CORDONES DE LOS ZAPATOS.

SELINE

Hubo momentos entre Kade y yo que se sintieron irreales, como la manera en que sus ojos se posaban en mis labios, sus dedos se quedaban quietos sobre mi punto de pulso, y se asomaba algo prohibido, algo crudo, que le centelleaba en la mirada.

Y luego no había nada.

Dio un paso atrás...

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