174. ESPERANDO A QUE NOS ENAMOREMOS

SELINE

Una protección profunda y violenta me atravesó de inmediato, tan instintiva que casi me sobresaltó.

—No van a tocarlos —dije.

Emilia volvió a reír en voz baja, aunque esta vez el sonido no tenía ni rastro de diversión.

—Seline —murmuró, y sus ojos volvieron a posarse en los míos—. La gent...

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