190. SANO Y SALVO

SELINE

UN MES DESPUÉS

—No puedes ponerle la vida patas arriba, pedirle que se cambie de ciudad solo porque nosotros—.

—No le pedí que se cambiara de ciudad —me interrumpió Kade—. Lo ordené, nena. Hay una diferencia. Le ofrecí el triple de su salario.

Como seguía sin verme convencida, añ...

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