24. LUCHANDO SOLO

Seline

La noche se había tragado la ciudad entera: sin luna, sin farolas, solo el golpe suave de mis zapatos contra el pavimento y el ritmo constante de mi propia respiración. Correr siempre había sido lo más claro que podía hacer cuando la cabeza empezaba a zumbarme de recuerdos: poner un pie...

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