27. UNA CAMA PARA DOS PERSONAS

SELINE

—¿Cómo sabes que estaba herida?—señalé, con las manos rígidas de irritación.

Kade caminó con calma hasta su armario y lo abrió de un tirón. La toalla cayó al suelo con un golpe sordo.

Alcancé a ver un destello, breve, imposible de borrar, de la línea de su cadera, la curva de su trase...

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