34. LA MADRE MUERTA

SELINE

Una risa muda se me escapó de la boca. —Me estás sobreestimando—. Escribí en la libreta.

—No está pasando nada entre nosotros.

Arthur se acercó un poco y yo resistí el impulso de alejarme de él.

Han pasado años, y mi cuerpo todavía quiere encogerse ante la cercanía de un hombre.

Ex...

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