59. PÁRROCO

SELINE

Lo dijo con esa calma exasperante, con un tono que flotaba en algún punto entre el agotamiento y el deseo.

Se me apretó el pecho, el calor subiéndome por el cuello. Quise decirle que se callara. Que dejara de retorcer todo lo que yo sentía. Pero, pensándolo bien… él no lo estaba reto...

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