61. IMPAR

KADE

Durante un rato, ninguno de los dos habló.

El silencio no fue incómodo esta vez. Era espeso, como si ambos estuviéramos esperando a que el otro hiciera algo temerario.

Seline se recostó contra la encimera, sosteniendo lo que quedaba de su té.

Sus ojos se deslizaban hacia mí cada po...

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