86. SINTIÉNDOSE VIVO

KADE

—DEJA MIS TETAS EN PAZ—, señaló con brusquedad, fulminándome con la mirada.

Que no se haya dado cuenta de que su enojo me excita de puta madre era ridículo, considerando lo inteligente que es.

—Concéntrate en tu diseño, cariño—, digo, rozando apenas con la mano la curva de su pecho.

Se...

Inicia sesión y continúa leyendo