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envenenamiento de las otras mujeres, que también aspiraban a la misma posición.

—¿Te imaginas vivir así? —preguntó Ana, cerrando el libro con un suspiro.

—No, no puedo —respondió Clara, sacudiendo la cabeza—. Es una vida tan diferente a la nuestra, tan llena de restricciones y peligros.

—Y pensar...

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