Capítulo 241 Capítulo 241.

El albanés caminó como si el edificio fuera suyo desde siempre y la sangre fuera solo un nuevo tapiz. Llevaba la camisa blanca entreabierta, dejando ver parte de su pecho firme, una mariposa negra tatuada entre los músculos tensos de su clavícula, y un moño atado como si recién lo hubiera ajustado.

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