Capítulo 30: La curiosidad y el gato

TAMARA

El momento en que cruzamos la puerta, el aire cambió. El bajo pesado retumbaba en mi pecho, denso con humo y sudor, pero no era solo música, era un pulso, vivo y hambriento.

Las luces estaban tenues, estrobos rojos como sangre cortaban la oscuridad, captando rostros torcidos de maneras que ...

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