Capítulo 29 La reserva que no puedo vigilar

—No soy distinta.

Mauro dejó caer la mano que mantenía junto a mi cintura.

—Al menos eres honesta.

—Vine a vigilarte porque no confío en Dante. No sabía que mi padre había pagado la reserva, pero sí me escondí para comprobar si respetabas tus límites.

—Y los respeté.

—Lo sé.

—Después de verme rechaz...

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