Capítulo 36 La ciudad que no elegimos

—¿Dos semanas?

Mauro dejó el teléfono entre nosotros.

—El puesto comienza el primero del próximo mes.

—Eso no son dos semanas completas.

—Trece días.

—Peor.

Me senté y recogí la sábana alrededor de mi cuerpo. Cinco minutos antes, aquel departamento había parecido el primer lugar donde nada podía alc...

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