Capítulo 37 Treinta días

—Dos meses es una locura.

Mauro no retiró la mano del volante. Seguíamos estacionados frente a la pastelería, con el motor apagado y su propuesta ocupando todo el espacio de la camioneta.

—No te pedí que cerraras el negocio ni que te mudaras para siempre —dijo—. Te pedí que vinieras conmigo.

—Mi vid...

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