Capítulo 50 La cláusula que olvidamos

—Deja de respirar en mi cuello.

—Estoy de mi lado de la cama —respondió Mauro.

Abrí los ojos. Seguíamos separados por una franja de sábana, pero durante la noche yo había retrocedido hasta quedar a pocos centímetros de su pecho.

—Tu lado se movió.

—La cama mide lo mismo que ayer.

—Entonces tú crecis...

Inicia sesión y continúa leyendo