Capítulo 51 Lo que queda sin sus manos

—No te atreverías.

La puerta del baño nos separaba. Yo seguía bajo el agua, con una mano apoyada en la pared y la otra demasiado cerca del lugar que había provocado la amenaza.

—No me provoques para comprobarlo —respondió Mauro.

—El seguro está puesto.

—La cerradura cuesta menos que mi paciencia.

—R...

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