Capítulo 52 El séptimo día

—No necesito esperar siete días.

Mauro mantuvo las manos detrás de la espalda.

—Anoche sí.

—Anoche estaba herida.

—Y hoy estás excitada.

—También estoy convencida.

—Dijiste que creías que te amaba.

—Sé que me amas.

Su expresión cambió apenas, pero no se acercó.

—Entonces podrás soportar cinco días m...

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