Capítulo 107

El estridente timbre de mi teléfono me despertó de golpe. Gemí, tanteando a ciegas la mesita de noche, derribando una copa de martini vacía en el proceso. Mi cabeza latía por las tres bebidas que había tomado la noche anterior en el bar de la azotea del Pinnacle.

—¿Qué?— espeté, sin molestarme en v...

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