Capítulo 27 Ya no hay límites

Cuando Donatto se apartó, mantuvo la frente apoyada contra la de ella. Su respiración era profunda y sus ojos verdes, oscurecidos por el deseo, permanecían fijos en los de Gianella.

—Te deseo otra vez, Gia —confesó con voz ronca—. Sé mía. Sé mía cada día de mi vida.

Aquellas palabras provocaron un e...

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