Capítulo 30 Si la haces llorar lo pagarás

Gianella se levantó y abandonó el despacho con las mejillas todavía encendidas. Cuando quedaron solos, Donatello estudió a su hijo como si intentara armar un rompecabezas cuyas piezas habían cambiado de forma.

—¿Cuándo te diste cuenta de que la amabas? —preguntó.

—Hace más de un mes.

—¿Sabes cuánto ...

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