Capítulo 41 Latido del corazón que se desvanece

—¡Kael! ¡Despierta! ¡Ni se te ocurra cerrar los ojos delante de mí!

La voz de Selene chilló, afilada por un pánico que ya no podía contener. Sacudió los pesados hombros de Kael. El cuerpo del Alfa, por lo general firme y cálido, se había quedado de pronto flojo, deslizándose desde donde se apoyaba ...

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