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Liliana

Alistair se inclinó para besarme, y esta vez, no tuve la fuerza de voluntad para apartarlo. Sus labios rozaron los míos justo cuando la puerta del almacén chirrió al abrirse.

—¿Están aquí? —la voz de Benedict resonó, acompañada por el tintineo de sus llaves.

Retrocedí rápidamente, secándo...

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