38

Liliana

Abrí la puerta cuando él estaba saliendo de su coche y esperé. No trajo postre ni me miró con ojos de cachorro triste. De hecho, parecía un poco enojado.

—Háblame, Liliana. Dime qué ha pasado —dijo, antes de siquiera llegar a mí.

Tan pronto como cruzó la puerta, se giró, esperando mi res...

Inicia sesión y continúa leyendo